Así que siguiendo el ejemplo de Hate os voy a ir contando día por día lo que ha pasado:
El martes fuimos de excursión a un pueblecito abandonado. Andamos, nos metimos por las casas medio derruidas, nos echamos fotos y unas risas. Fue genial. Además, un amigo se ha comprado una cámara reflex y me la dejó. Me encanta hacer fotos, y no es que sea la hostia, pero conseguí alguna maja. ¿Será que de salir fatal en las fotos he tomado la determinación de ser yo quien las haga? Puede.
El viernes por la mañana fui a llevar méritos para la bolsa de trabajo de aquí y por la tarde quedé con mis amigos para andar. Fuimos a un pueblecito cercano andando, unas cuatro horas ir y volver, contando a media horilla como mucho que nos sentamos a merendar.
El sábado trabajé desde las 3 al cierre y luego no salí porque estaba cansada.
El domingo y el lunes quedé con mis amigos a tomar algo. Y ya :)
Mi alimentación está mucho más controlada, en parte porque estoy mucho tiempo fuera de casa y ocupada. Hace casi una semana (o una semana a, yo que sé, llevo fatal la cuenta en verano) que no como bollería. Eso sí, la dieta del helado la sigo a la perfección.
La cosa es que como salgo a las 6-7 y vuelvo a casa a las 10 o así. Si hemos estado tomando algo y he pedido un pincho pues esa es mi cena, y si a las 10 en vez de ir a mi casa me voy a a de G* pues me pillo un helado y me lo como mientas vemos Mad Men. He descubierto uno de chocolate negro con trocitos de chocolate puro y barquillo artesanal, y creo firmemente en el matrimonio mujer-helado.
Tengo mucho, mucho, mucho, muchísimo que contaros, sobre todo cosas relacionadas más con cómo me siento que con lo que hago pero, lo siento, no será hoy :)
Quiero dedicarle tiempo y no ponerlo detrás de una parrafada, porque parrafa+parrafada son 7, que lo decía Fran Perea.
¡Disfrutad!

